Nadie transcribe cifras
Un dígito mal copiado a las siete de la noche es una caja que no cuadra y una hora buscando por qué.
Tu vendedor le toma la foto al comprobante de transferencia. Fotopago lee el monto, el banco, el número y la fecha, y arma el cierre de caja del día.
Desde el teléfono que ya tiene, sin instalar nada. El recuadro guía le dice cuándo la foto va a servir.
El monto lo produce el servidor leyendo la imagen. Nadie lo escribe a mano, así que nadie lo puede cambiar.
Cada transferencia queda registrada con su foto, su sucursal y su vendedor. El cierre sale en un archivo de Excel.
Un dígito mal copiado a las siete de la noche es una caja que no cuadra y una hora buscando por qué.
Si alguien vuelve a mandar la misma foto, Fotopago la reconoce y no la duplica.
Un registro equivocado se anula con motivo, autor y fecha. El cierre del mes pasado da lo mismo dentro de un año.
Cada punto de venta cierra su propia caja, y quien administra ve todos.
Hoy lee comprobantes de Bancolombia. Nequi, Daviplata, Davivienda y BBVA están en camino: preferimos decir que todavía no los leemos antes que leerlos mal.
Los comprobantes llevan nombres y números de cuenta de terceros. Se guardan cifrados, cada negocio solo alcanza los suyos, y se destruyen cuando se cumple el plazo de retención. Tratamiento conforme a la Ley 1581 de 2012.
Escríbenos y te abrimos una cuenta. Se cobra por punto de venta.